Mírame por si me despiertan en la noche
las alas del ángel de la muerte,
y tómame la mano. Tómamela con fuerza,
para que no me arranque de tu lado.
Ríe si de pronto me encuentro desnudo
frente al espejo y preocupándome
por mi estomago en expansión.
Ríe para que olvide pensar en cosas vanas.
Abrázame si adviertes que extraño
las horas de aquellas tardes libertinas,
y protégeme de saltar al vacío de un quinto piso.
Protégeme con el amor de tus manos pálidas.
Háblame cuando creas que estoy perdido.
Grítame al oído si lo crees necesario.
Y dirige todas las mentiras de mi garganta
a una región de desterrados.
Que yo sabré ver a través de tus ojos
esas garras asesinas que me contaminan,
y me levantaré como torero en la estocada
para llevarnos lejos. Tan lejos como un amanecer.
Elogio del aburrimiento
Hace 10 años
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